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Ég er fjandans nefið þykkur

Escritos.
http://protervidad.wordpress.com

"Muero y me retiro 
a una guerra de mujeres y pájaros
y colores, a una guerra que me devuelva 
distinto a la casa de siempre.
Muero y me retiro 
del agua que me limpia la cara
todas las mañanas como queriendo
volverme otro sin saber
que ya soy otro.
Muero y me voy y me vengo, me vivo
y me miro queriendo un aire frío contra los ojos,
queriendo caminar en cualquier dirección de cualquier ciudad
sintiendo que voy en caída libre hacia lo azul de los días.
Muero y estoy lejos de aquí, cerquita de la gente 
que va por la plaza, junto a las palomas,
muero y soy el que atraviesa la calle 
buscando la vida que cuentan los cuentos
de las viejas bonitas. Bonita la mañana
que acaricia las manos de los valientes. 
Muero y me acurruco en mí,
me arrugo en mis propios bolsillos y me consigo
cuando busco donde no hay nada para no mentir si digo
que hay esperanza de sobra. 
Muero y me vuelvo una piedra más de mi país mojado, 
de mis montañas altas y no tan frías como la lluvia,
me vuelvo un día más de la república
y los que vienen tras de mí
mueren y se retiran 
como yo, convertidos en piedras,
en rincones empapados y temblorosos
de la patria alegre que no muere.
Muero y me retiro cansado del calor
y de las esperas largas por escribir lo que todavía no pasa,
lo que solo en las noche más voladas soy capaz de imaginar
antes de salir corriendo. Muero, corro y me persigo,
me escapo y regreso para morir en casa,
para poder recordarlo todo. 
Sólo recuerdo lo que está lejos. Mientras más cerca
está la vida más oscura se hace.
Muero y me recuerdo como a un perro
de la niñez que me obligo a traer de vuelta. 
Muero y me retiro,
me retiro a una costa vacía,
a una bandera multicolor rota por la sal y los años,
lejos de todo, muy lejos,
para recordar
y sentir el sabor de lo que tantas veces
creímos olvidado, de lo que nos hizo salir
volando tras las estrellas, bailando contentos
por saltar los muros, dejando atrás los paseos
de domingo. Muero y me retiro entre los árboles,
entre las olas, entre las hojas que trae el viento
cuando pasa corriendo.

Muero y me retiro, 
muero y me despido,
en esta noche infinita”.

Fernando Vanegas


“Abril es el mes más cruel”.
T. S. Elliot

Es un día para echárselo a los perros callejeros. Un día en que la muerte, vestida de buhonero, vende un espejo en casa de un hombre ciego.

Es una proverbial cosecha de cuervos que vuela a picotear su bulimia de ojos. 

Hay un tranvía en llamas que arde en la memoria. Un tranvía que parece llegar por los rieles de otro mundo.

Hay un borracho que abre un paraguas para protegerse de una llovizna de balas.

Hay una ronda de pájaros trazando coronas en el tablero del cielo. Son banderas de luto, patriotas de la ruina, tumbas del aire.

Hay un olor a miedo y podredumbre bajo la lluvia negra que cae sobre los muertos insepultos.

Hay estruendos de estampidas en las calles y autos fantasmas que parten la noche en dos tajos de silencio.

Hay un salón sonoro donde las novias de los ladrones y las muchachas del prostíbulo se envuelven en armiño.

Hay, alrededor del gran muerto, una junta de soldados, cirujanos y enfermeras asomados al futuro por el ojo del retratista.

Hay un Palacio de Justicia -ni es palacio ni hay justicia-, envuelto en llamas como un bonzo.

Hay una gavilla de ladrones subiendo un piano de cola por una colina de oriente.

Hay un hombre que envuelve entre gasas un gramófono y apresura su paso con su absurdo botín.

Hay algo de pajarracos en los grandes señores vestidos de negro, un gabinete de sombras que ha cortado la línea con la rabia en ascenso.

Hay ruinas y escombros de una ciudad necrosada. Un cortejo de estatuas de sal que miran al pasado.

Es un día para echárselo a los perros callejeros. Un capítulo abierto de la historia del miedo.

[Juan Manuel Roca]